Dicen que dicen 

Dices que me admiras y creo que en el fondo te doy pena. Quien algo quiere algo le cuesta pero quizá me está costando demasiado. Y no me has visto este verano llegar sola al BNS sin preguntar quién me esperaba, ni te he sacado a bailar Enrique iglesias ni me has visto en la fila invitando a copas. No me he subido a ninguna barra, ni a ninguna tarima, ni tan siquiera a las escaleras de cañadio. No te han contado que esté organizando ningún viaje y no te he convocado para comer una paella en isla.

Te cuento que cada día es una satisfacción nueva y que cada avance estoy un poco mas cerca, y sonríes y me crees. Pero sonríes de medio lado y con la boca pequeña. Porque una parte de ti me echa de menos y se pregunta si estoy haciendo bien.
Me invitas a quedarme cuando llega la hora de cenicienta y me doy la vuelta para coger un taxi, y casi puedo ver cómo tu debate interior entre dejarme ir o secuestrarme es casi tan inmenso como el mío. Casi todo el tiempo soy una fiestera opositando y poco tiempo una opositora de fiesta, y eso tú lo sabes mejor que nadie.


He amenazado muchas veces con abandonar los grupos en los que últimamente solo se envían fotos de la playa y, aunque la mayor parte del tiempo no te acuerdas de que estoy ahí, otras veces me has confesado que me expulsarías tú mismo del grupo si te dejara. La recompensa, si es que llega, va a estar por encima de lo humano y lo divino. Pero ¡ay, el camino! Qué complicado.

Sabes que hay cosas que no puedes decirme, que la lancha del puntal a veces no sale sin mi, o que en el faro se están arruinando sin mis cafés. Aunque todo sea mentira. Me ves comprarme ropa nueva y arreglarme buscando un cambio en mi vida, y en el fondo crees que estaría más guapa si me pasara todo el verano en bikini.

Pero respetas mi decisión, porque tu eres así, y procuras hacerme ver que te parece genial lo que estoy haciendo. Aunque a veces no lo entiendas, aunque a veces no puedas evitar dejar ver que no lo entiendes. Y yo a ti te admiro por eso, yo que soy incapaz de dejar que la gente viva según sus propios estándares si creo que no les van a hacer felices. Por eso y porque sé que si en el fondo cuando esto acabe ha sido todo para nada, no me va a esperar un “te lo dije” por tu parte al otro lado. Solo apoyo si quiero volver a intentarlo.

Lo que tú no sabes, aunque te lo imagines, es que yo también me echo de menos. Y te echo de menos. Y escribo sobre un verano que no voy ni a oler porque escribir sobre ello, y leer sobre ello, me hace sentirme en paz. Como si de verdad no tener verano fuera algo que he escogido -que en un giro dramático  y retorcido de la realidad efectivamente eso es así-. Y que renuncie a una de las cosas que dan sentido a mi vida por cumplir un sueño tiene que ser algo que un soñador como tú debe entender. Si es que de verdad es un sueño, eso lo sabré cuando lo cumpla.

Pero de verdad, no dudes que hay veces -generalmente cuando hay menos luz- que pienso dejarlo todo y montar un chiringuito en la playa, y vivir un verano interminable. Bañarme en el mar todos los días, cruzar a nado la bahía si hace falta para volver a casa. Ahorrar y comprarme un velero, y vivir dando vueltas al mundo. Volviendo siempre a atracar a puerto chico. Porque la vida es mejor si se construye a base de paseos por la playa acompañados de helados de regma.


Pero luego cierro los ojos y aprieto los dientes y vuelvo a la vía que he escogido. Porque si lo consigo, ay amigo si lo consigo, la fiesta va a ser legendaria.

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