Y que merezca la pena

“But I must admit it, that I would marry you in an instant, damn your wife I’ll be your mistress just to have you around”
Nos gusta complicarnos la vida. Darle vueltas a las cosas, hacer listas de pros y contras, pensar una y otra vez las posibles consecuencias de nuestras acciones. Y puede que lo único importante sea responder a la pregunta de si aquello en lo que piensas te hace emocionarte, si te apetece, si te hace sentir cosas diferentes. Si te hace sonrojarte, acelerarte, amontonarte, o si lo echarías de menos en caso de no tenerlo. Si lo bueno compensa lo malo, si se te hace raro no sentirlo, si te incomoda no vivirlo.


A la pregunta de por qué tanto ir y venir, siempre es posible contestar porque me apetece, porque me compensa, porque merece la pena. Todo. Los kilómetros y las esperas, los atascos y las lluvias, el tiempo perdido (invertido mejor dicho). Y de eso, como de todo, también tiene la culpa el mar.

Y lo mismo vale para todo lo demás, para tus sonrisas a medias, para el destierre de la pereza, para sacar ganas de estudiar.

La satisfacción compensa los momentos de frustración, todas las veces. Una cerveza fría, todos los cafés de madrugada. Y una tarde de sábado en la playa, toda una semana de agobios.


Porque sigue habiendo ganas, porque el primer pie que pisa el mar sigue siendo un escalofrío, y porque no hay mejor sensación que enterrar los dedos en la arena mojada. Porque las copas veraniegas en Cañadio saben a casa, y las cenas tienen otro ritmo si los comensales son los de siempre.

Porque te echo de menos a ratos y me complicas los domingos. Porque no sé estar incómoda ni hacer las cosas de otra manera. Que yo si te quiero te quiero siempre, pero que en verano te quiero más. Y ya lo tenemos a la vuelta de la esquina, llamando a la puerta. Dejando un reguero de arena en el suelo del salón y toallas tendidas en la terraza. El salitre en la piel y la espalda morena. El pelo más rubio, los pantalones más cortos y las sonrisas más grandes. Y lo que me apetece es tirarme al sol sin pensar en nada, aterrizar en el embarcadero del puntal y leer en la toalla.

Me apetece recogerme el pelo, llevar tirantes y que me hagan daño las sandalias. Bonito en Pedreña y helados a diario.

Y tú, claro. Y que merezca la pena.

Dieguitos y mafaldas

Ahora que casi cambio de cifra, diré que los 25 me han traído todo lo que se esperaba de ellos. Durante todo este cuarto de siglo que llevo dando guerra, he conocido a personas maravillosas. Y creo que todo se puede resumir en eso. Personas con las que he compartido viajes, copas e innumerables cenas. Personas que han ido poco a poco modelándome para ser quien soy ahora.

Me han enseñado a crecer de manera diferente, aprendiendo que hay cosas en esta vida que merecen la pena todo el tiempo. Algunas solo pasaron por aquí para enseñarme a echar de menos, a ser menos dependiente o para que aprendiera que se puede seguir viviendo a pesar de las grandes pérdidas. De otras aprendí que la distancia no es más que un kilómetro al que sigue otro, y después otro y más tarde otro. Solo líneas en un mapa. Y que, sin importar las vueltas que vaya dando la vida, siempre es posible hacer por coincidir en el camino.

 

La lección que más arraigada tengo es que hay pocas cosas que valga la pena guardarse, que no tiene sentido esperar el momento adecuado para hacer las cosas porque hay que aprovechar los impulsos. Racionalizar menos, para vivir mejor. Aunque todo esto a veces se me olvide.

Por encima de todas las cosas, los últimos años de este cuarto de siglo me han llevado a entender que una mesa es mucho más que una mesa, y a apreciarlas en todas sus formas. Y que el vino en la cantidad adecuada nos pone de guapo subido, y nos hace querer diferente.

 

Que la motivación más intensa la vas a encontrar en ti mismo, y que debes ser tú quien crea en ti antes que cualquiera. Solo así llegarás donde quieres. Y después, que también hay que saber cuándo pedir ayuda, y que no-pasa-nada por ello.

 

De los 25 me llevo la sensación de estar en un constante precipicio, esa sensación perpetua de vivir en la cuerda floja, una montaña rusa que sube y baja, no estar un momento quieta. Haber vivido 25 veces más a tope de lo que estaba acostumbrada. Y haberlo disfrutado todo. Brindo por eso.

 

La noche

No dormir por nervios. Me encanta. El insomnio acompañado de ese nudo en el estómago que te hace revolverte en la cama, apretar los dientes y reírte a carcajadas al minuto siguiente. Como si te hubiera abandonado la cordura.

No dormir porque tienes la sensación de que, al cerrar los ojos, vas a caerte al precipicio. No dormir porque hay un pensamiento que martillea constantemente tu cabeza, aunque no seas consciente de cuál es o de viene. Cuando no es más que la incertidumbre la que te mantiene despierto. Es un tema controvertido, pero yo soy muy fan de esa sensación.
De la noche antes del seis de enero, de la noche que te haces un año más viejo, la noche antes de un examen, de hacer la llamada con la que aceptarás o rechazarás un trabajo, la noche antes de volver a verlo, la previa a una cita importante.
La noche en la que tú instinto te anuncia que tú vida está a punto de dar un giro, sea en el buen o el mal sentido.
Esa noche.

Con medias tintas.

Si hay una frase que me gusta escuchar, es “qué bien me conoces”. Tengo por hobby tomarme mi tiempo para conocer a las personas, el estudio del antropocentrismo más antropocentrico. El ser humano por el ser humano, intentar descubrir cómo hacer más fácil la vida de los que me rodean. No digo que se me de bien, de hecho muchas veces se me da estrepitosamente mal pero no siempre aquello en lo que destacamos es lo que termina por apasionarnos.

Por eso me gustan las sobremesas de gin tónic y los cafés en los días de lluvia. Por eso me gustan las cervezas de verano, porque en pocos sitios se conoce mejor a alguien como alrededor de una mesa.

Disfruto con la gente transparente, aquella a la que se ve venir de lejos, la que sabes por dónde te va a salir al cabo de un tiempo si le pones ganas. La gente que se deja conocer. Y sobretodo me gusta la gente que se esconde porque busca un poco de interés para mostrarse, la que requiere de una red de confianza para sacar a La Luz la inmensidad de sus virtudes.

Me gusta sorprenderme de lo bien que alguien me conoce a mi, y me encanta descubrir que aquel a quien creía conocer a la perfección aún tiene la capacidad de sorprenderme.

Y como buen reflejo de mi personalidad, también aprecio a aquellos que son un reto.

Pero sobretodo, me gusta sorprenderme a mi misma. Me gusta descubrir un nuevo pliegue de mi personalidad que no conocía, ver que puedo superarme en mi capacidad de perder el tiempo y a la vez en mi habilidad para angustiarme por no estar aprovechándolo. Ver que aprendo de mis errores y, más que nada, disfrutar de estar perdiendo poco a poco la cabeza.

Me encanta ver que cada segundo que pasa un poco de sensatez me abandona para dar paso a un recién adquirido don para apreciar las cosas, todas. No haberme aburrido aún de pasar tiempo conmigo misma es algo que me maravilla, casi tanto como mi absoluta ineptitud a la hora de compartimentar mi mente cuando tengo que estudiar.

Me alegra descubrir que soy una ignorante en todas las materias que existen en este mundo y una completa perdedora en cualquier juego de azar, aunque sea la más competitiva. Me gusta ser consciente de todo lo que me queda por aprender, pero también admirar de vez en cuando algunos aspectos de mi capacidad de sacrificio. Porque si no me quiero yo, no vamos a llegar a ningún lado.

Y por encima de todas las cosas, no saber nunca hacia dónde me dirijo y eso me gusta, porque como diría Lewis Carrol, es la forma de asegurarme que voy a llegar.

Mumford and sons- Ditmas

But this is all I ever was

And this is all you came across those years ago

2017

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Si, llegarás donde quieres llegar. Tal vez te cueste un poco más de esfuerzo del que habías previsto, un poco más de apretar los dientes y dejarte a ti misma ser más vulnerable de lo que querías. Pero llegarás. Tomarás un montón de decisiones equivocadas que te convertirán en la persona que eres ahora mismo, y aprenderás a saborear más los triunfos ajenos que los propios. Perderás gente por el camino a la que considerabas invencible, solo para darte cuenta de que los que te hacen fuerte de verdad nunca se fueron. Aprenderás a caminar un poco más despacio y a disfrutar más del camino, y que no es posible preverlo todo. Te vas a reír a carcajadas y un día al final de la última curva del año más extraño de tu vida te darás cuenta de lo que significa estar en casa, y cómo es un concepto que se desdobla para adaptarse al rincón del mundo en el que se encuentre todo aquello que te hace ser quien eres. Feliz 2017.

Comienzos

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Las calles estrechas, las calles vacías. El resonar de mis tacones en el suelo de piedra. Las luces indirectas y toda la oscuridad. Empezar a encontrarme. El puente de piedra, echarme (te) de menos. El frío que no cala. Baby it’s cold outside. La verdadera familia. Los paseos aventureros, las esquinas que me pierden. Toda la piedra, todas las dudas. El río como un pobre sustituto de ti. Las sorpresas. Mi casa fuera de casa. La satisfacción de las cosas bien hechas. Este agujero en el espacio en el que el tiempo transcurre de forma extraña, más lento y más rápido a la vez. Todos los vinos y quienes vinieron a tomarlos. Alejarnos de todo. Todos los silencios del mundo.

Invierno 

No nos conocemos, pero me han hablado de ti. Dicen que tienes una sonrisa que congela los corazones más pasionales, y unas manos que abrazan de manera distinta.

Me han contado que tus atardeceres no se parecen a los de ningún otro y que exhumas chulería por todas las esquinas. Dicen que eres de piedra, hasta que dejas de serlo.

Que en tus ojos verdes se refleja el mar, y que pareces hecha para vagar por las montañas. Me han contado que te gusta comer, y ya no ha hecho falta que me cuenten más. Que tienes más variedad gastronómica de la que te da tiempo a contar, y paisajes amarillos que se esconden de las lunas de invierno.

Me han susurrado tus cuentos para no dormir, y esa seguridad que te acompaña a cada paso. Me han dicho que no hay nadie que aporte más que tú, ni nadie que sea menos digno de confianza.


Me dicen que tienes calles que fueron hechas para ser paseadas, pero que lo verdaderamente digno de mención es la arena de tus playas.

No dejan de hablar de ti, como si merecieras la pena. Como si los días grises siguieras apeteciendo, como si tuvieras ese extraño magnetismo que nos obliga a volver.

Como si sonaras a casa.

Hopes

El invierno está llegando, y eso te pone de guapo subido. Quizás porque nos conocimos hace innumerables inviernos, cuando más frío hacía. O puede que sea esta luz otoñal tan favorecedora. El caso es que no recuerdo ningún momento en que me hayas apetecido tanto.

 

Nos ha costado llegar a un entendimiento, a tu soberbia y a mi, pero parece que vamos puliendo las esquinas. Vas dejando entrever tus inseguridades, los puntos cardinales que guardas más protegidos, los rincones que tienes bajo llave; esos que a veces parecen los campeones olímpicos del escondite. Esos que cuando llegan las nieves se ocultan del sol.

Me vas alimentando a base de detalles, a base de caminos limpios y sendas frondosas, me vas alimentando a base de tiempos. Has dejado de ser tan desagradable, empiezas a dejar las lluvias para más tarde, empiezas a enseñarme las caras más agradecidas, y eso termina haciendo mella.

 

Sigues teniendo un lado oscuro que me gusta, portador de misterios e historias para no dormir; es intrigante. Y la curiosidad, mi peor defecto. Por eso aún no me he aburrido de ti; y, a mi no me engañas, tú aún no has mostrado todas tus cartas.

Te quedan valles escondidos, donde albergas la tranquilidad, rutinas desconocidas y deshielos que soportar. Te faltan días de sur en los que volverme un poco más loca. Te falta una vuelta y media y -a veces- un par de granizadas. Te falta rematar.

 

Te falta el golpe de efecto que haga que irremediablemente me enganche a ti y no sea capaz  de hacer la maleta los domingos. Te falta sorprenderme una vez más, una luz diferente en la bahía, un nuevo bosque o un nuevo sitio donde alargar las cenas. Estás a una siesta al sol de atraparme por completo.

 

Y tú, en el fondo, lo sabes.

https://youtu.be/l1FHIwEtER4

Jugar por jugar

La vida no es un block cuadriculado,

Sino una golondrina en movimiento

Que no vuelve a los nidos del pasado

Porque no quiere el viento

Porque no quiere el viento.
Crecer no es solo sumar días a la espalda, crecer es aprender que la vida es otra cosa. Que somos insignificantes pero podemos llegar a ser grandes. Que hay martes aleatorios que me gustaría pasar la noche escuchando música en el Ponte Veccio, o sentarme a tomar una cerveza en un bar de Budapest con la compañía adecuada –o no-.


Crecer es aprender a priorizar, y saber que –ahora que ya hemos aprendido la importancia de las cosas importantes- el disfrutar debe tener siempre un lugar preferente en el camino. Tener una bucket list que se componga de personas y lugares que compartir. Que sepamos cómo estar solos cuando estamos rodeados de gente y como sentirnos acompañados cuando nadie más nos acompaña. Es una ruta escarpada en la que el complemento más importante es un buen conocimiento de nosotros mismos.
Apreciar los momentos pequeños, como un bar vacío en el que suena La oreja de Van Gogh a todo trapo o una vuelta a casa de noche con Mumford and sons de fondo, o un rulo de aguacate y gambas en el Umma al que acompaña la copa de vino correcta. Es saber que –tal vez- aquello que intentaron inculcarnos no es lo que queremos para nosotros. Y que probablemente aún nos queden muchos años por delante en los que no sepamos por qué derroteros nos va a llevar la vida. Y ojalá sigamos así hasta el final, dejándonos sorprender por el destino.


Es decidir que el deporte de moda es emplear nuestro tiempo en conocer a las personas –las nuevas y las de siempre-, y que la sospecha de que la vida no es tan corta como parece se convierta en la certeza de que todo el tiempo desaprovechado no vuelve.
Que cuando volvamos hacia atrás, no tengamos la sensación de haber perdido nada, aunque haya cosas que se hayan ido quedando por el camino. Y que nos hayamos reído mucho, todo el rato, a carcajadas.

https://youtu.be/a8-sFN6JX7w
Y es que la vida es cumplir años teniendo un alma joven que no se acuerda de aprender a envejecer.

Miércoles con complejo de domingo

Quién te ha salvado del año pasado

Del tiempo que tarda en cerrarse el telón

Hemos ido agarrándonos fuerte a las curvas por las carreteras de cada canción 

Andando por un alambre como la línea de la vida de delgado, y nunca ha habido red

Faltan tan pocos días para el día D que ha pasado de ser el día D a ser simplemente el día, he perdido la cuenta de las horas que he pasado mirando por esa ventana.

Y por eso ha llegado el momento de hablar de ti. De ti que pasaste de llevar mal las relaciones a distancia a escribirme religiosamente cada jueves. De ti que me llamabas solo para ver si había comido bien. De ti que llevas meses sorprendiéndome, poco a poco y a cada rato. De ti que llegaste tímidamente y te has hecho un hueco en mi vida con apartamento propio y calefacción central.

Podemos hablar de ti, que me abroncas cuando me agobio y me recuerdas que no merece tanto la pena. O de ti que me has apartado un poco de tu vida aunque te haya costado solo por mi propio bien. De ti que pese a ser la persona más insistente del mundo has aprendido que, a veces conmigo, hay que saber cuando dejar de insistir.

Podemos hablar de ti, siempre presente para un vino. De ti, que me sacas a cenar. O de ti, que con una experiencia parecida a las espaldas me mandas miradas cómplices desde el otro lado de la barrera. Podemos hablar de ti que has cambiado tu carácter para adaptarte a los tiempos que venían.

No podemos dejar de hablar de ti, que has soportado en silencio broncas que no te tocaban, o de ti que has dejado hace tiempo de tenerme cosas en cuenta. Podemos hablar de ti que has sido un mensaje mensual inesperado, o de todos aquellos que han logrado sorprenderme. No vamos a hablar de ti y las decepciones, pero si de las conversaciones a media noche, al margen de una fiesta constante. De ti, que estás aquí desde el principio y que fuiste quien primero me dio luz verde para embarcarme en esta historia, con mis idas y venidas y mis subidas y bajadas, sabiendo la de cosas que nos íbamos a dejar por el camino. De ti que has mantenido al mundo a raya. De todos los que celebraron.

O podemos hablar de ti, que te has preparado este examen conmigo, que has sufrido cada curva de la montaña rusa en que me he convertido. Que me has acompañado por un camino que no te correspondía en absoluto pero que nos ha convertido en lo que somos ahora.


Sé a ciencia cierta que sin vosotros no hubiera llegado. O si, pero me hubiera vuelto loca y no hubiera sido ni la mitad de divertido.

A todos, gracias.

https://youtu.be/11j5bJyvBJA